Querido compañero y dilecto amigo, Victor López Villarabid: Han pasado dos meses en tu ausencia (19-9-09) y te imagino, caminante silencioso, fotoperiodista atento, acompañando, paso a paso, a todos los peregrinos. La verdad es que no puedo, ni quiero, imaginarte de otro modo, en ese eterno Camino de las Estrellas, que tu tanto contribuíste a difundir. Siempre al pié de la noticia, primero ante el micrófono, un poco más tarde en el diario El Progreso. Siempre notario notorio del Camino de Santiago. También de otros aconteceres y sucedidos, políticos y deportivos, culturales y societarios, momentos felices y tristes, crónicas y libros. Pero siempre haciendo gala de bonhomía, generosa y cordial, en el Camino. Luego de dos meses sin tu compañía en la Asociación de Periodistas y Estudiosos del Camino de Santiago (APECSA), quiero en este blog -nacido, qué ironía de eso que llamamos Destino, diez días después de tu marcha- testimoniarte mi agradecimiento y mi aprecio. Quiero también decirte que te echo, que te echamos de menos y que se me hace como un nudo cuando pienso que ya nunca más podrás saludarme en tu Sarria del alma con aquel ¿qué te contas?. Porque tú siempre preguntabas para escuchar alguna palabra, acaso novedosa y/o noticiable. Escuchabas para contar, transmitir, informar, periodista de guardia, informador atento. Un trabajo esencial ese labor tuyo, imprescindible para componer cada día el aparentemente perecedero cañamazo del relato general de las cosas que pasan y que venimos llamando actualidad. Un trabajo bien hecho por tu parte. Con esfuerzo y generosa dedicación, al servicio todos, para contarle a la gente lo que a la gente sucede, que en eso consiste, esencialmente, el ejercicio del periodismo. Un trabajo que se echa particularmente en falta en momentos de fantasmagóricos caminos virtuales de googelianos buscadores que encuentran poco y de pardillos comulgantes con ruedas de tecnológicos molinos en autonómicos despachos galaicos. Yo no pude acompañarte en tu definitiva despedida, tras casi 73 años de intensa y fecunda vida, pero no dejé de estar contigo, de sentir muy cercana tu siempre cálida compañía. Debe ser por eso por lo que no pude dejar pasar esta fecha sin componer este breve memorial. Por eso y porque siento más viva e intensa la soledad, quise escribirte en la confianza, en la creeencia, de que, como tantas otras veces, debía contarte algo. Poca cosa, ya ves, que quise compartir contigo y con Rocío, compañera del alma, compañera, y con vuestros hijos: Víctor, Canco, Santy, Pancho, Rocío, Felipe y Carlos. Y con los caminantes y peregrinos, que encontraron en ti al informador y al amigo. Y con los compañeros y compañeras de APECSA, que seguimos sintiendo en el Camino tu presencia, sentimiento que nos permite nuevos pasos contigo, siempre vivo, en el recuerdo. Era esto lo que tenía que contarte, breve hatillo de palabras envuelto en la cálida brisa de la amistad y siempre en el Camino compartido, hermosa senda de estrellas que nos guía y nos une. Siempre.















Muchas gracias Palmeiro. Con comentarios como este, son los que nos ayudan a seguir y a pesar de la forma más llevadera, estos malos, muy malos momentos. Un abrazo muy fuerte para todos y muchas gracias por el cariño que le tenéis.